miércoles, 19 de marzo de 2008

18 de Marzo "En Bellas Artes"

Evidentemente no le podíamos fallar al Peje, así que salimos del puerto de Veracruz el lunes 17 de marzo a las 12 de la noche. Nos fuimos en compañía de nuestros amigos los jubilados; el ambiente era festivo puesto que estos señores y señoras están muy convencidos de lo que hacen y siempre están al pie del cañón cuando de estar en el zócalo se trata y sobre todo de apoyar al Peje. Llegamos a la Ciudad de México el martes 18 a las 6:30 am. Viajar en autobús particular tiene sus ventajas, una de ellas es que en lugar de dejarnos en la caótica estación de la TAPO y tener que viajar en metro hasta el Zócalo, éste nos llevó hasta la Alameda Central que se ubica a pocas calles del primer cuadro de la ciudad. Quien conoce el centro del Distrito Federal, no puede negar que la Alameda es un hermosísimo parque que contrasta con los grandes edificios de la zona y que además realza la belleza de su vecino, el Palacio de Bellas Artes. Desde ahí, se puede admirar la Torre Latinoamericana, el maravilloso edificio de Correos y la estupenda Casa de los Azulejos. La Ciudad de México en Semana Santa es un agasajo y a las 7 de la mañana da la sensación de que el tiempo se detuvo. Podría ser cualquier día de cualquier año. Tradición, arte y modernidad en perfecto equilibrio. A esa hora se ven hombres y mujeres que con escobas improvisadas hechas de ramas secas de los árboles realizan una especie de danza, un ir y venir de flores caídas que avisan la llegada de la primavera; alguna lata de refresco o “frutsi” tirada en el suelo, nos recuerda que los “nacos” no saben que los botes verdes que están colocados cada 50 metros, son botes de basura. En las esquinas están los vendedores de tamales, tortas de tamal, de humeantes atoles y champurrados; a esa hora ya están abiertos los kioscos donde se vende la prensa; contamos 15 periódicos diferentes, la mayoría nacionales y algunos extranjeros, nos acercamos a comprar La Jornada y El Universal; también vimos que la noticia del momento para quienes gustan de la prensa rosa es el divorcio de Christian Castro (hijo de la guapa Verónica Castro y del horrible “Loco” Valdez) ya que golpeaba a su esposa y ésta, en venganza, lo dejó en la ruina … para todo hay gustos ¿no? Con nuestros periódicos bajo el brazo, decidimos ser solidarias y apoyar a que Carlos Slim vuelva a ser el hombre más rico del mundo (nos lo mandaron al 2do lugar caray!) y entramos a uno de sus negocios, Sanborn´s, a tomar café, desayunar y enterarnos de nuestros chismes preferidos: la política (un consejo: si usted quiere llegar a ser uno de los mexicanos más ricos del mundo, ponga un restaurante y venda un desayuno con huevos estrellados con frijoles, un mini jugo de naranja y café por $70 o unos hot cakes, juguito de zanahoria y café por $65). Para quienes gozamos de la lectura, el Centro de la Ciudad de México es como para los niños una casa hecha de chocolate y malvavisco; librerías como la Gandhi, el Sótano, Fondo de Cultura Económica, Casa del Libro; libros nuevos, de doble uso; Cafés Galerías con área para lectura; temáticas, escolares y hasta “piratas” (¿alguien ha notado que Alvarado es una ciudad, por tradición, magisterial y no cuenta con una sola librería? Quizá el negocio de los libros no haga que una persona se haga millonaria, pero sí le da la posibilidad a sus habitantes de estar mejor informados; de que los estudiantes tengan mejor material para realizar sus tareas e investigaciones; que los maestros estén más actualizados y que tal vez, algún niño tome el hábito y el gusto por la lectura). Después de la visita obligada a varias librerías hicimos otra visita también obligada, la del Palacio de Bellas Artes, considerado por muchos como el edificio más hermoso de todo el país. Porfirio Díaz nos dejó, a los mexicanos, un Palacio de Bellas Artes que hasta los franceses y españoles envidian; es la máxima casa de cultura, el mejor teatro de ópera de la República Mexicana y la UNESCO lo declaró monumento artístico en 1987; en el interior se puede apreciar buena obra de los tres grandes muralistas mexicanos: David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera, entre otros. Además, casi todo el año tiene exposiciones temporales de nivel internacional y con credencial de estudiante es posible la entrada gratuita, así que alegremente hicimos uso de nuestra credencial de la UV; tuvimos la suerte de apreciar una exposición del cine-fotógrafo mexicano Gabriel Figueroa, parte fundamental de la época de oro del cine mexicano; trabajó con personalidades como Cantinflas, María Félix, “El Indio” Fernández, Jorge Negrete, Pedro Infante, Ignacio López Tarso y Tito Guisar entre muchos otros. Fotografió más de doscientas películas, entre ellas, quizá las más importantes fueron “Allá en el Rancho Grande” (1936) de Fernando Fuentes, “Los Olvidados” (1950) de Luis Buñuel y “La Noche de la Iguana” (1964) de John Huston. De él se dice que “con su lente nos descubrió un México de claroscuros, en el que el maguey y la nube reinaban sobre el interminable paisaje de volcanes”. Él mismo expresó, cuando recibió en 1971 el Premio Nacional de las Artes “estoy seguro de que si algún mérito tengo, es saber servirme de mis ojos, que conducen a las cámaras en la tarea de aprisionar no sólo colores, las luces y las sombras, sino el movimiento que es la vida”. De verdad…una maravilla!!!! Para esto, ya eran casi las dos de la tarde y si queríamos ocupar buen lugar en el mitin de Zócalo debíamos ir a comer temprano, así que nos dirigimos a nuestro lugar favorito para estos casos: un restaurante chino que está en la calle de Motolinía y que ofrece un buffet de más de 15 platillos por $60 (no es una ganga pero vale la pena). Una buena comida merece ser coronada con un buen café; caminamos por la calle 5 de mayo hasta el café-galería Mumid, ya cerca del Zócalo; a este lugarcito lo hace atractivo la constante y diversa exposición de arte, fotografías, carteles y pinturas de jóvenes mexicanos y extranjeros; en esta ocasión se trataba de una serie de carteles que llevaban el título de películas pero la imagen era una propuesta del autor. A las 4 de la tarde, una hora antes de la cita con “los renegados”, ya nos encontrábamos en el imponente Zócalo de la Ciudad de México tomando fotos, video y platicando con un México que nos maravilla, nos sorprende, nos emociona: “gente bien”, gente mal (¿?), gente bonita, gente feita; ricos, pobres; güeros, indígenas; ancianos, niños; hombres, mujeres; gente indignada, enojada por los abusos de quienes hoy están en el poder, pero también gente feliz por estar, una vez más, reunida entre amigos. N&R

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