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miércoles, 14 de marzo de 2012

Feminismo Charro: “La Mejor Cocinera de la Ciudad de México”



Arriba/abajo, fuerte/débil, frío/caliente, derecha/izquierda, sujeto/objeto, hombre/mujer, masculino/femenino… conjunto de oposiciones que organizan al mundo, decía Bourdieu; manera  en la que se organiza la cultura, dice Madoo.  Por lo tanto y, por sentido común, feminismo sería el dual opuesto al machismo… nada más falso. El hombre no es el enemigo del feminismo; es el sistema capitalista en su forma patriarcal que excluye y domina a muchas mujeres y también hombres, en beneficio de unos pocos hombres y algunas mujeres.

El feminismo es un movimiento social estructurado con producciones teóricas que, poco a poco, ha ido permeando diversas áreas del conocimiento como la antropología, sociología, literatura, biología, el derecho, etc. Se trata de “un sistema de ideas general y de gran alcance sobre la vida y la experiencia humana comprendidas desde una perspectiva centrada en las mujeres” (Madoo y Niebrugge, 2002: 380). Es una teoría crítica y activista cuyo objeto de investigación son las experiencias de las mujeres en sociedad (es descriptiva); observa al mundo desde el punto de vista de las mujeres, es decir, como sujetos en la sociedad (es explicativa) y que tiene, como objetivo, transformar las condiciones de opresión universales.

Se han conquistado espacios, eso es innegable. El reconocimiento de los derechos objetivos de las mujeres –hoy- en buena parte del orbe es fruto de la lucha feminista que inició hace más de dos siglos; sin embargo el acceso de las mujeres a espacios de poder sigue siendo limitado. Por ejemplo, en México, según datos de la ex diputada federal y feminista Martha Tagle, la Cámara de Diputados está compuesta por un 77% de hombres y sólo un 23% de mujeres aún cuando lo estatutos de los partidos, aunque difieren entre ellos, estipulan una participación mínima del 30%. Este porcentaje de participación, fue una acción afirmativa[1] que se convirtió en ley –cuotas de género- para que sea ilegal que las mujeres no participen en los asuntos públicos.

Sin embargo, la línea entre las acciones o medidas a favor de la igualdad entre mujeres y hombres, con las que reproducen prácticas machistas, es delgadísima. Un caso:
 
En agosto de 2007, el Sistema  para el Desarrollo de la Familia (DIF) del Distrito Federal, organizó el concurso “La Mejor Cocinera de la Ciudad de México”; Benjamín acudió a las oficinas del DIF para inscribirse pero no se le permitió; acudió a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) para interponer una denuncia en contra del DIF por “discriminación”. El tema es interesante porque la denuncia, para la CDHDF, procedió y recomendó a la Institución que la convocatoria se abriera para que el quejoso y otras personas pudieran participar.

 

El DIF se negó; afirmó que los requisitos para participar eran claros: a) ser mujer mexicana, b) tener más de 18 años, c) no ser profesional de la gastronomía y, d) residir en el Distrito Federal. Benjamín, al ser hombre, no los cumplía. Para el DIF, esta negativa no era discriminatoria ya que el propósito del concurso era “reconocer el papel histórico que han desarrollado las mujeres del Distrito Federal como amas de casa” el concurso era una “acción afirmativa en beneficio del género femenino” (CDHDF 18-2008, pág. 5).  

La Comisión envió, primero a la Directora Ejecutiva de Asuntos Jurídicos del DIF, luego al Director General del mismo, observaciones sobre el caso con la finalidad de garantizar la igualdad y equidad de género, así como “los motivos y fundamentos por los cuales esta Comisión considera que el citado evento no corresponde con una Acción Afirmativa a favor de los derechos de las Mujeres” (pp. 06).  El DIF respondió que sí era una AA porque estaba encaminada a reconocer el trabajo de las mujeres en el hogar que ha sido menospreciado históricamente, mediante el otorgamiento de una casa al primer lugar, un auto al segundo y una cocina integral al tercero; además, cumplía con la condición de temporalidad al ser organizado una vez al año (#plop).

Benjamín no quedó conforme y reiteró su denuncia de discriminación hacia él por ser hombre y hacia todas las mujeres; en junio de 2008 argumentó “… es lamentable, que en el siglo XXI, un Organismo responsable de velar por la integración de la familia, siga manteniendo estos criterios menesteres del hogar como propias de las mujeres. Manejan erróneamente el concepto de hogar volviendo a encasillar al sexo femenino en actividades propias del mismo; es decir han olvidado que actualmente este mismo gobierno en afán de avanzar en cuestiones de no discriminación ha impulsado leyes como la Sociedad de Convivencia (sic), en donde para formar un hogar común y brindarse ayuda mutua para convivir no se requiere de la pareja tradicional (…) no requiero ser mujer para tener la iniciativa de preparar, mejorar, inventar platillos e incluso sentirme motivado a compartir mis gustos con los demás, razón por la cual decidí participar en este concurso. Es lamentable, pero a quien siguen discriminando también es a la propia mujer (…) en lugar de reivindicarle, la sumergen más en los estereotipos tradicionales”

En agosto de 2008, el DIF convocó nuevamente al concurso “La Mejor Cocinera de la Ciudad de México” con las mismas características del año anterior aún con las observaciones que la CDHDF había puntualizado. La Comisión emitió una recomendación por las acciones discriminatorias de dicho concurso, hacia: 1. Benjamín por su condición de hombre, ya que la Constitución Mexicana[2] establece, en su artículo 1, párrafo tercero que “queda prohibida toda discriminación motivada por el género o cualquier otra causa que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas” (pp. 13) 2. Hacia las mujeres en general, ya que dicho concurso “lejos de encaminar acciones igualitarias, mantiene estereotipos de roles tradicionales que han significado la marginación de las mujeres y, por ende, su discriminación” (pp. 17)

Desarrollar un programa o una política a favor de las mujeres es muy complejo; no bastan buenas intenciones que, continuamente, terminan reproduciendo prácticas que producen y reproducen el status quo basado en la desigualdad entre mujeres y hombres en nuestra sociedad. Premiar el papel histórico de las mujeres como amas de casa, es promover el espacio privado como exclusivo de ellas, de nosotras. Es, en palabras de mi querida Marga Britto, un Feminismo Charro.
[i]                                                                                             

Publicado en Club de Lilith

[1] Medidas vinculadas al Derecho destinadas a la eliminación de desigualdades y discriminación intergrupal. Sus características: 1. Son medidas extraordinarias: configuran una excepción al principio general de igualdad. 2. Deben durar el tiempo estrictamente necesario para cumplir su finalidad. 3. Nunca deben afectar derechos fundamentales. 4. Se justifican por su finalidad que debe ser de interés de la comunidad, tomándose en cuenta los efectos que de hecho se produzcan. 5. No puede traducirse en discriminación directa y negativa para la mayoría. Disponible en: Santiago Juárez, Mario (2010). Guía de la materia Derecho a la igualdad y no discriminación. FLACSO-México. 

[2] México ha suscrito además, Tratados Internacionales a favor de la igualdad y en contra de la discriminación que van en la misma línea.


[i] El caso al que se hace referencia es la Recomendación 18-2008 de la CDHDF disponible en: http://directorio.cdhdf.org.mx/libros/recomendaciones/2008/10/reco_1808.pdf

miércoles, 15 de junio de 2011

La MarChA dE LaS PUTAS; No es NO!



El pasado domingo 12 de junio, se realizó la primera marcha de las putas en la ciudad de México. Sí, la marcha de las putas; pero no se trató de una marcha de trabajadoras sexuales o prostitutas, como son mal llamadas, sino una manifestación en contra de cualquier tipo de agresión hacia las mujeres poniendo como excusa su apariencia y vestimenta. 


Esta marcha, que se ha replicado en otras partes del mundo como Londres, Nueva York, Montreal o Nicaragua, surgió luego de que un policía canadiense afirmara en una ponencia en una universidad de Toronto que “las mujeres deben evitar vestirse como putas para así, evitar ser víctimas de la violencia sexual”; como respuesta, las y los estudiantes protestaron y éste se tuvo que disculpar. Pero la mecha estaba prendida. El enojo se convirtió en una marcha en Toronto al que las mujeres fueron vestidas provocativamente al grito “me visto como puta pero eso no te da derecho a agredirme”. 

Estos son algunos slogans de esta y otras marchas: Cuando una mujer dice NO, significa NO. Basta, yo decido sobre mi cuerpo. Aunque la apertura de mi falda sube hasta mi muslo, si digo NO, significa NO. Aunque me ponga una borrachera marca diablo, si digo NO, significa NO. Aunque baile de forma sensual, si digo NO, significa NO. Aunque el escote de mi vestido sea tentador, si digo NO, significa NO. 

Esta marcha busca también reivindicar el apelativo PUTA. En México (y otros países) la doble moral divide a las mujeres entre Santas (decentes) y Putas. Así, este movimiento que ya se aprecia Internacional, intenta reapropiarse del término Puta. Si todas empezamos a decirnos Puta, cada vez será más difícil que se nos agreda al llamarnos así, pues al reapropiarnos del término lo “gastamos” a tal punto que la palabra Puta,  llegará a tener un significado vacío; con esta acción, terminaremos con un arma del control moral, característico del sistema machista y por tanto conservador, que es utilizado y reproducido por  hombres y mujeres. 

"Es hora de decir: Basta al acoso, a la violación y violencia contra las mujeres, pero también, basta de estos términos estigmatizantes como el de Puta que se usa no solamente con las trabajadoras sexuales (¿donde está la crítica a quien compra ese “servicio”?), sino también de los hombres que utilizan el apelativo como venganza y, también es importante decirlo, de una mujer a otra para agredirla o menospreciarla. Nadie tiene que decirnos cómo vestir. La ropa no debe ser excusa, ni justificación para la agresión o violencia”. 
Pero no sólo es Puta la que viste provocativo, también es llamada Puta quien rechaza a un hombre, y también quien lo acepta; la que llega a un puesto importante; la mantenida, la que mantiene; la que decide divorciarse y seguir su vida (porque la que se queda en casa aunque sea maltratada por su marido, esa es Santa); la que decide no casarse ni tener hijos; la que no se deja. Ah, y la que no es Puta, seguro es Hija de una Puta; pero el problema también tiene sus diferentes visiones, no se trata sólo de señalar la violencia ejercida contra las mujeres, ya que los hombres también padecen este tipo de violencia o acoso por parte de las mujeres, sólo que en un sistema machista como el nuestro será difícil que un hombre salga a la calle a manifestar su enojo porque las mujeres lo acosan sexualmente, eso pondría en entre dicho su “hombría” y sería objeto de burla y escarnio. 
   

Así las cosas en nuestra sociedad, en fin, para terminar, no olvidemos que esto no es un problema individual, es un problema cultural que nos afecta y oprime a tod@s. N&R

miércoles, 1 de septiembre de 2010

eL miTo DeL AmOr Y La CriSiS dE La pAreJa

 Rafael Montesinos es sociólogo, Maestro en Economía y Ciencias Políticas, Doctor en Ciencias Antropológicas. Aunque, él mismo se define como analista político y, como tal escribió Un modelo para analizar la transición mexicana (2001) ó El discurso político de las organizaciones empresariales. La transición mexicana desde la teoría de los sistemas (2007), el cambio cultural en los roles de género se ha convertido en un tema que –nos dice- lo ha motivado, como hombre, a analizar la emergencia de nuevas masculinidades[1]. Sobre ésta, ha escrito: Las rutas de la masculinidad. Ensayos sobre el cambio cultural y el mundo contemporáneo (2002); Masculinidades emergentes (2005), Perfiles de la masculinidad, El mito del amor y la crisis de la pareja (2010)  y, con el teórico francés Pierre Bourdieu, La Masculinidad (1998). 

En la introducción a su libro El mito del amor y la crisis de la pareja, el autor se pregunta ¿por qué hablar del amor; un tema tan recurrido, tan común; un “símbolo esencial de la vida” pero a la vez efímero, que “cumple un ciclo y, por lo tanto, no es eterno”? (p. 8).  Para él, la importancia de reflexionar sobre este sentimiento nos coloca en posibilidades de comprender por qué en la actualidad hay tantos desencuentros entre hombres y mujeres (p. 8). La crisis en la pareja pone en una situación de vulnerabilidad la autoestima de cada una de las partes. Por lo tanto, considera importante diferenciar entre el amor como una idealización y como una realidad de la vida cotidiana. El objetivo entonces será “hacer un recuento de los aspectos más importantes para la reproducción del amor y las causas de su agotamiento” (p.9) apoyándose en algunos testimonios de hombres y mujeres de la vida cotidiana y en el contexto del cambio cultural: de la Tradición a la Modernidad.

Sin duda, El mito del amor y la crisis de pareja del Dr. Montesinos es un libro en el que es imposible mantenerse pasiva; es una invitación al diálogo entre las dos partes de su objeto de estudio: el hombre y la mujer unidos, a través del amor, en una pareja en un contexto de crisis; pero es también una incitación al debate entre quienes, por un lado, se sienten en la necesidad de asumir nuevos roles, es decir, la emergencia de nuevas masculinidades para mantener en armonía una relación social (matrimonio) que, por el cambio cultural se ha tornado en conflictiva y, por el otro, entre quienes han luchado durante siglos porque, a través de ese  cambio cultural le sean reconocidos derechos económicos, políticos y sociales. Parece entonces que dentro del matrimonio de hoy existen 2 matrimonios contrapuestos: uno, el del hombre y otro, el de la mujer. El del hombre está en crisis porque el de la mujer ha dejado de ser su único espacio de realización (Ritzer, 2002; 400).
Flickr

Es este un debate con perspectiva de género, un debate entre los géneros. Debate que, por cierto, alcanza distintos matices y variaciones en “función de la posición social de las mujeres dentro del capitalismo y el patriarcado” (Ritzer, 2002; 391). En este sentido, es necesario reconocer que, el llamado cambio cultural, como la modernidad, no se vive igual entre familias pescadoras de Boca del Río, indígenas de la sierra de Zongolica, comerciantes de zonas urbanas de Orizaba o en el área académica de la Ciudad de México. La Dra. Patricia Ponce narra en su libro Sexualidades Costeñas (2006) que en Boca del Río, la mayoría de las mujeres de bajos estratos económicos y sociales trabaja únicamente por necesidad y que ellas preferirían seguir siendo pobres a ser llamadas malas madres (Ponce, 2006; 369-370) . Por lo tanto, sería preciso definir qué características tiene la pareja que está en crisis y qué tipo de crisis: ¿la de la gran ciudad, clase media, con estudios universitarios? La Dra. Ponce, al igual que el Dr. Montesinos pero desde distintos lugares de la discusión, afirma que hombres y mujeres estamos educados para el desencuentro.
Oceanic
 En nuestro país, existen algunos estratos que aceptan el cambio cultural, o lo que Ritzer llama feminismo cultural (Ritzer, 2002; 393) (yo hombre, reconozco tu diferencia y la valoro) pero hay otros en los que, además, es necesario ir más allá del propio reconocimiento de la diferencia; también hay situaciones en los que la desigualdad daña y es necesario que el discurso feminista siga insistiendo. Giddens afirma: En la sociedad actual los hombres siguen dominando en la mayoría de las esferas y, en general, se muestran más violentos hacia las mujeres que éstas hacia ellos. Lo sustancial de esta violencia es que está dirigida a mantener el control y la subordinación de la mujer. (Giddens, 2000; 148)
Fragmento de la Ponencia 
"El Mito del Amor y la Crisis de la Pareja" 2 de julio, 2010.
Leer completo en El Club de Lilith